Cuando un nuevo año está a la vuelta de la esquina, todos tendemos a pensar de la misma manera. Un cierto aire de nostalgia inunda nuestros hogares, personas que ya no están, otras que entraron hace poco a nuestras vidas, en fin. Un nuevo año llama y nos cuenta sobre una oportunidad de empezar de nuevo. Todos aquellas cosas que dijimos que íbamos a cumplir este año algunos las dejamos de lado aproximadamente desde marzo, otros al 3er día del nuevo año, pero eso no es lo importante. Lo recalcable acá en este caso es que esa única sensación de “poder empezar de nuevo” pasa pocas veces en el año. Y cuando pasa, hay que aprovechar las oportunidades. Pero no precisamente fingiendo que vamos a ser mejores seres humanos el año que viene, o auto-proponiéndonos bajar los 4 (ó 40) kilos de más que tenemos o sacar “todo cinco” en el colegio/la facultad, sino más bien mirando desde el punto de vida del agradecimiento. Si! Tomate dos segundos este año y mirá todo aquello que lograste, aquello que perdiste, pensá en aquel amigo nuevo que hiciste, o revisá aquellas cicatrices emocionales que tenés y prometete no volver a caer. Hacete una promesa, un compromiso con vos mismo, uno sagrado y real. Te propongo que ese contrato contigo mismo sea el “TRATAR”. Tratar siempre, sin importar el resultado. De esa forma, no solo evitas que en el futuro te preguntes “¿Qué hubiese pasado si…?” , sino también vas a tener la certeza de que tu futuro de verdad te pertenece, no depende de nadie más.
EN FIN, basta de bla bla bla, este año no escribí demasiado en este blog, espero poder volver a hacerlo más a menudo. Ya no les torturo por este año…
SALUD!
